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Reflexiones 10 Dec 2024 Laia Martí

Cerrar el año sin la lista de todo lo que no hiciste

Cerrar el año sin la lista de todo lo que no hiciste

¿Ya has empezado a repasar todo lo que no has conseguido este año?

Diciembre tiene esa costumbre. Las luces, las cenas, los regalos… y, por debajo, una voz que va haciendo inventario: el deporte que ibas a retomar, el curso que dejaste a medias, la conversación que no tuviste, el «este año sí» que se quedó en enero.

Si te has reconocido, quiero decirte algo antes de seguir: no te pasa nada raro. Le pasa a muchísimas mujeres estas semanas. Y no es porque hayas fallado. Es que el balance de fin de año, tal y como lo hemos aprendido, casi siempre mira hacia un solo lado: el de lo que falta.

El balance implacable

Fíjate en cómo suele funcionar. Nadie te pide que repases lo que sí hiciste. La lista que aparece sola es la de lo pendiente. Y cuanto más cansada llegas a diciembre, más larga parece.

Lo curioso es que ese repaso no te da energía para el año que viene. Te la quita. Terminas el año con la sensación de ir tarde y empiezas el siguiente con una lista de propósitos que nace, otra vez, de la exigencia y no del deseo.

Esa voz que hace inventario no es tu voz. Es una voz aprendida.

La autoexigencia no nació en diciembre

La autoexigencia casi nunca es una elección. Se aprende. Nadie nos sentó a explicarnos que «valemos por lo que conseguimos» o que «descansar es perder el tiempo», pero lo fuimos absorbiendo: en casa, en la escuela, en el trabajo, en todo lo que veíamos que se premiaba y lo que se criticaba.

Esas ideas se guardan en la mente subconsciente como creencias y, desde ahí, funcionan en piloto automático. Por eso, cuando llega diciembre, no decides hacer balance: el balance se hace solo, con el guion de siempre.

Y ese guion tiene trampa. Mide el año con una regla que nunca marca «suficiente». Si conseguiste algo, ya estaba previsto. Si no lo conseguiste, es la prueba de que algo falla en ti.

Cuando entiendes que detrás de la exigencia hay una creencia, y no un defecto tuyo, algo empieza a aflojarse. Ese es el tipo de creencias que se pueden revisar con la Reprogramación Mental (Psych-K), aunque el primer paso no necesita ninguna herramienta: darte cuenta de desde dónde te estás hablando.

Cómo suena la voz de la exigencia en diciembre

  • «Otro año que se me ha pasado sin…»
  • «Tendría que haber…»
  • «Los demás sí que han…»
  • «El año que viene tengo que…»
  • «Con todo lo que tenía pensado, y mira…»

Si estas frases te resultan familiares, no te juzgues por ello. Es la forma en que aprendiste a exigirte para sentirte válida. Hoy puedes elegir mirar el año con otros ojos.

Un balance amable: tres preguntas

No te propongo que hagas como si el año hubiera sido perfecto. Tampoco que tires la lista a la basura. Te propongo cambiar las preguntas. Porque las preguntas que te haces deciden lo que ves.

Busca un rato tranquilo, una libreta y, si te apetece, una vela. Y responde con calma, sin corregirte.

1. ¿Qué has sostenido este año?

Piensa en todo lo que ha dependido de ti: el trabajo, la casa, las personas que cuidas, una salud que a veces no acompañaba, una situación difícil que no elegiste. Quizá no lo hayas contado como un logro porque «era lo que tocaba». Cuéntalo. Sostener también cuesta energía, y este año la has puesto.

2. ¿Qué has soltado?

Aquí entran las cosas que dejaste de hacer y que, en el fondo, te aliviaron: una relación que te apagaba, una obligación que en realidad nadie te pedía, una idea de ti que ya no te representaba. A veces lo que llamamos «no conseguir» es, en realidad, soltar. Y soltar no es rendirse. Es dejar espacio.

3. ¿Qué has aprendido?

No hace falta que sea una gran lección. Puede ser que aprendiste a pedir ayuda una vez. Que descubriste qué te agota y qué te llena. Que notaste, antes que otras veces, cuándo tu cuerpo te pedía parar. Lo que has aprendido no se pierde cuando cambia el calendario: viene contigo.

Fíjate en lo que pasa cuando terminas de responder. La sensación suele ser distinta a la del inventario de pendientes. No porque el año haya cambiado, sino porque lo has mirado entero.

No se trata de convertirte en alguien diferente, se trata de volver a encontrarte con la persona que siempre has sido.

Recibir 2025 desde otro lugar

Hay una diferencia enorme entre empezar el año desde «tengo que» y empezarlo desde «quiero». La primera lista te pesa antes de escribirla. La segunda se sostiene sola, porque nace del deseo y no del castigo.

Por eso este año quiero acompañarte también en el cierre. Estoy preparando una meditación guiada para despedir 2024 y recibir 2025 con gratitud: un rato para reflexionar sobre lo que el año te ha dado, liberar lo que ya no necesitas y poner intenciones claras para lo que viene. La compartiré el 30 de diciembre en mi canal de YouTube, para que puedas hacerla en casa, a tu ritmo, con las luces bajas y sin prisa.

Mientras tanto, quédate con esto:

  • Lo que no hiciste no te define. Es información, no una sentencia.
  • Descansar estas semanas también cuenta. No es lo que haces cuando termina la lista, porque la lista no termina nunca.
  • Los propósitos pueden esperar a que los escribas desde la calma, y no desde el 31 a medianoche.

Si al hacer el balance has notado que la exigencia pesa más de lo que puedes sostener sola, y quieres entender de dónde viene esa voz, escríbeme. Hablamos sin compromiso y te cuento cómo puedo acompañarte. Y si prefieres seguir leyendo a tu ritmo, en el blog encontrarás más reflexiones como esta.

Que este diciembre lo cierres mirando lo que sí. 💜