El trauma explica, pero no justifica
Seguro que lo has pensado alguna vez, o lo has escuchado de alguien cercano: «es que tuvo una infancia muy difícil», «es que a mí me hicieron mucho daño, por eso soy así».
Y es verdad. Lo que viviste explica muchas cosas. Explica por qué te encoges cuando alguien alza la voz, por qué te cuesta confiar, por qué te callas para no molestar o por qué saltas antes de que te hagan daño.
Hoy quiero pararme en una idea que he resumido en pocas palabras en un vídeo que acabo de compartir en TikTok: el trauma explica, pero no justifica.
Entender no es excusar (y tampoco es culparte)
Antes de seguir, quiero dejar algo claro, porque esta frase se puede leer desde un lugar duro y no es mi intención.
Comprender de dónde viene una reacción no le quita importancia a lo que pasó. Tu dolor es real. Lo que viviste no tendría que haber ocurrido y tienes derecho a sentir lo que sientes.
Y, a la vez, comprenderlo tampoco te convierte en culpable de nada. No elegiste lo que te hirió. No elegiste las creencias que se grabaron entonces. Nadie es responsable de la herida que le hicieron.
De lo que sí podemos hacernos cargo, poco a poco y con ayuda si hace falta, es de lo que hacemos hoy con esa herida.
Por qué el pasado explica tanto
Cuando algo nos hace daño, sobre todo si éramos pequeñas o no teníamos recursos para sostenerlo, la mente aprende. Aprende rápido, y aprende para protegernos.
De ahí salen conclusiones que se quedan guardadas muy adentro: «no es seguro mostrar lo que siento», «si me enfado, me dejan», «tengo que controlarlo todo para que no vuelva a pasar».
Esas conclusiones no se quedan en el pasado. Siguen actuando en el presente en forma de reacciones automáticas: te bloqueas, atacas, huyes, te callas, complaces. No lo decides. Te sale.
El mecanismo no es un defecto
Esa reacción tuvo sentido en su momento. Fue la mejor manera que encontró tu mente para cuidarte con lo que tenía. Verlo así te permite mirarte con más compasión y menos juicio.
Pero tiene un límite: que una reacción tenga explicación no significa que hoy te esté haciendo bien. Ni a ti, ni a las personas que quieres.
Dónde empieza la responsabilidad
Aquí viene la parte que a veces cuesta más escuchar.
No eres responsable de lo que te pasó. Sí eres responsable de lo que decides hacer ahora con ello. Y esto, lejos de ser una carga, es una buena noticia: significa que hay algo que está en tus manos.
Responsabilidad no es culpa. La culpa mira hacia atrás y te pregunta qué hiciste mal. La responsabilidad mira hacia delante y te pregunta qué puedes hacer distinto a partir de hoy.
Y no hace falta que sea nada grande. Puede empezar por algo así:
- Darte cuenta de que estás reaccionando desde una herida antigua y no desde lo que está pasando ahora mismo.
- Pedir disculpas cuando tu reacción ha hecho daño, sin necesidad de justificarte con tu historia.
- Pedir ayuda para trabajar aquello que se repite y que no consigues cambiar sola.
En tus relaciones y contigo misma
Esta idea funciona en dos direcciones: hacia fuera, cuando quien se justifica es otra persona, y hacia dentro, cuando la que se justifica eres tú.
Cuando quien se justifica es otra persona
Quizá hay alguien en tu vida que te hace daño y, cada vez que ocurre, te repites lo mismo: «es que lo pasó muy mal», «es que no sabe hacerlo de otra manera».
Entender su historia puede ayudarte a no tomártelo como algo personal. Pero comprender por qué alguien actúa así no te obliga a seguir sosteniéndolo.
La compasión y los límites pueden ir juntos. Puedes sentir cariño por una persona y, al mismo tiempo, decidir qué permites y qué no en tu vida.
Su historia explica su comportamiento. No justifica el daño que te hace, ni te obliga a quedarte.
Cuando la que se justifica eres tú
Es más incómodo, lo sé. Pero también es más liberador.
Si llevas tiempo diciendo «yo soy así por lo que viví», te invito a añadir una pregunta: ¿y qué quiero hacer yo con eso?
Yo también pasé por ahí. Hubo una época en la que, como escribí cuando nació este proyecto, «la ansiedad, angustia e infelicidad crecían cada día más en mí sin entender el por qué ni saber cómo remediarlo». Y cuando por fin lo comprendí, lo resumí así:
Gracias a Psych-K conseguí entender qué era aquello que no me permitía ser feliz y debía cambiar.
Fíjate en la frase: entender y cambiar van en la misma línea. Comprender lo que te pasa no es el final del camino. Es el punto desde el que puedes empezar a elegir de otra manera.
Algunas señales de que estás pasando de la explicación a la responsabilidad:
- Sigues reconociendo tu dolor, pero ya no lo usas para justificar aquello que te aleja de lo que quieres.
- Puedes decir «esto lo hice yo, y lo siento» sin hundirte.
- Empiezas a poner límites a lo que te daña, aunque entiendas de dónde viene.
- Buscas ayuda en lugar de esperar a que el tiempo lo arregle solo.
No tienes que hacerlo sola
Comprender tu historia es un gran paso. Y, a veces, entenderla desde la cabeza no basta: las creencias que se grabaron en el pasado siguen actuando desde el subconsciente, y por eso puedes saber perfectamente lo que te pasa y seguir reaccionando igual.
En mis sesiones trabajamos precisamente eso: identificar qué creencias y qué heridas siguen decidiendo por ti, y transformarlas para que tu presente deje de responder a un pasado que ya no está. Siempre desde un enfoque complementario: si lo que viviste pesa mucho, el acompañamiento de un profesional de la salud mental es importante, y mi trabajo puede acompañar ese proceso, nunca sustituirlo.
Si sientes que ha llegado el momento de dejar de explicarte por tu historia y empezar a escribirla tú, escríbeme y hablamos sin compromiso. Y si quieres ver el vídeo del que nace esta reflexión, lo tienes en mi TikTok.