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Energía y cuerpo 20 Nov 2024 Laia Martí

Ese cansancio que no se va con dormir

Ese cansancio que no se va con dormir

¿Te ha pasado dormir tus horas, incluso descansar todo el fin de semana, y levantarte el lunes con la misma sensación de estar vacía?

Como si el sueño no llegara hasta donde está el cansancio.

Si es así, quiero decirte algo antes de seguir: no estás exagerando ni te falta fuerza de voluntad. Hay un tipo de cansancio que no se arregla con más horas de cama, porque no viene del cuerpo. Viene de todo lo que llevas sosteniendo.

No todo cansancio es físico

Hay un agotamiento que aparece después de una jornada larga, de una mudanza o de una semana de noches cortas. Ese se recupera durmiendo, y el cuerpo sabe hacerlo solo.

Y hay otro cansancio distinto. Más silencioso. Más difícil de explicar.

Es el de cuidar de todos y dejarte a ti para el final.

El de callar lo que sientes para no molestar.

El de aguantar una situación, una relación o un ritmo que hace tiempo que no te hace bien.

Ese cansancio no se mide en horas de sueño. Se mide en todo lo que sostienes sin que nadie lo vea. A veces, ni siquiera tú.

Qué llamo «energía vital»

Cuando hablo de energía vital no hablo de nada misterioso. Es una forma de nombrar esa reserva con la que te levantas cada mañana para hacer frente al día: tus ganas, tu paciencia, tu capacidad de estar presente, tu ilusión.

No sale en una analítica, pero tú sabes perfectamente cuándo la tienes y cuándo no.

Esa energía no solo se gasta haciendo cosas. Se gasta, y mucho, sosteniendo: conteniendo emociones, anticipando lo que necesitan los demás, dando vueltas a una conversación, aguantando donde ya no hay paz.

Y cuando el gasto es constante y la recarga casi nunca llega, aparece lo que yo llamo una energía agotada. No porque seas débil. Porque llevas demasiado tiempo dando más de lo que recibes.

Por dónde se escapa la energía

Muchas veces no es una gran cosa lo que te agota. Son muchas pequeñas fugas que se repiten cada día:

Decir «sí» cuando por dentro era un «no».

Tragarte lo que sientes para no generar conflicto.

Ser la que siempre está, la que resuelve, la que se acuerda de todo.

Exigirte más de lo que le exigirías a cualquier otra persona.

Y detrás de casi todas estas fugas suele haber una creencia aprendida: «cuanto más hago, más valgo». Nos han enseñado que descansar es perder el tiempo, que parar es ser poco productiva. Así que seguimos, y seguimos, hasta que es la propia vida la que nos obliga a parar.

Descansar no es un lujo. No es un premio por haber rendido lo suficiente. Es una necesidad tan natural como respirar, comer o dormir.

Cómo lo muestra el cuerpo

El cuerpo casi siempre avisa antes que la mente. Lo que pasa es que hemos aprendido a no escucharlo. Algunas señales que se repiten mucho:

  • Tensión que se instala en los hombros, la mandíbula o el pecho, aunque no esté pasando nada «grave».
  • Apatía: cosas que antes te gustaban ahora te dan pereza, y no sabes explicar por qué.
  • Irritabilidad: saltas por detalles pequeños y después te sientes culpable por haber saltado.
  • Te despiertas ya cansada y por la noche te cuesta desconectar la mente.
  • La sensación de ir con el piloto automático puesto: haces, cumples, respondes… pero no estás.

Ninguna de estas señales te define. Son mensajes. Tu cuerpo y tus emociones están intentando mostrarte que algo no te está haciendo bien.

Una nota importante

Si el cansancio dura semanas, va a más o viene acompañado de otras molestias, consulta con tu médico. Descartar una causa física es siempre el primer paso. Lo que yo hago acompaña a ese cuidado, nunca lo sustituye: trabajo desde un enfoque complementario y desde el respeto hacia la medicina.

Pequeñas fuentes de recarga

No voy a darte una lista de cosas que añadir a tu agenda. Bastante tienes ya. Son más bien pequeños permisos:

  • Descanso real. Descansar no es tumbarte con el móvil en la mano mientras la cabeza sigue trabajando. Es cerrar los ojos diez minutos, mirar por la ventana, no hacer nada y no sentirte mal por ello.
  • Naturaleza. Un paseo sin auriculares, aunque sea corto. Ahora que los días se acortan, salir a media tarde a que te dé un rato la luz cambia más de lo que parece.
  • Decir lo que sientes. A alguien de confianza o, simplemente, en un papel. Lo que se dice pesa menos que lo que se guarda.
  • Un «no» a tiempo. No hace falta empezar por el más difícil. Elige uno pequeño y observa cómo te sientes después.
  • Respirar antes de responder. Tres respiraciones lentas antes de contestar un mensaje o entrar en una conversación. Es poco y, a la vez, es mucho.

Ninguna de estas cosas va a llenarte de golpe. La energía se recupera igual que se pierde: poco a poco. Pero cada pequeño permiso es una forma de decirte «yo también cuento».

No tienes que sostenerlo todo a solas

Si al leer esto has sentido que hablaba de ti, quédate con una idea: ese cansancio no es un fallo tuyo. Es la consecuencia lógica de llevar demasiado tiempo cuidando de todo menos de ti.

Y se puede empezar a soltar.

En mis sesiones trabajamos precisamente eso: comprender qué te está agotando, liberar lo que llevas acumulado y recuperar, poco a poco, tu calma y tu energía. Sin prisas y sin exigencias.

Si sientes que ha llegado el momento de volver a ti, escríbeme y hablamos sin compromiso. Y si quieres saber cómo trabajo, puedes ver mis sesiones y bonos.

Y aunque el camino es tuyo, no tienes por qué recorrerlo sola 💜