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Reflexiones 05 Mar 2026 Laia Martí

No todo florece a la vez: respetar tu ritmo

No todo florece a la vez: respetar tu ritmo

¿Te ha pasado alguna vez que miras alrededor y parece que todo el mundo avanza menos tú?

Una amiga que salió de una relación y ya está bien. Alguien que empezó su proceso cuando tú empezaste el tuyo y hace meses que no se levanta con ese nudo en el pecho. Y tú sigues aquí, con el mismo tema dando vueltas.

Y entonces aparece el pensamiento: «a estas alturas ya debería haberlo superado».

Si te reconoces, quiero decirte algo antes de seguir: no vas tarde. No existe un calendario oficial para esto. Y que tu proceso vaya a otro ritmo no significa que no esté ocurriendo.

Estamos a principios de marzo. Si te fijas en el campo, hay almendros llenos de flor y, justo al lado, árboles que todavía parecen dormidos. Ninguno de los dos se equivoca: cada uno responde a su especie, a su tierra y a la luz que le toca. A nadie se le ocurre mirar una higuera en marzo y pensar que está fallando.

Estás comparando tu dentro con el fuera de otra persona

La comparación tiene una trampa de origen: nunca comparamos cosas equivalentes. De ti conoces todo: las noches malas, las recaídas, las veces que decidiste algo y a los tres días volviste atrás. De la otra persona solo conoces la parte que enseña, y casi siempre enseña la que ya tiene resuelta.

Cuando te comparas, esto es lo que no estás viendo:

  • Cuánto tiempo llevaba con ese tema antes de empezar a contarlo en voz alta.
  • Su punto de partida: su historia, su familia, lo que le tocó sostener de pequeña.
  • El apoyo que tiene alrededor, o el que le falta, y el momento vital en el que está.

No te lo cuento para quitarle mérito a nadie, sino para devolverte algo de justicia contigo: estás midiendo tu proceso entero contra el resumen de otra persona.

La exigencia también se cuela en la sanación

Hay algo que veo muchísimo y que casi nadie nombra: la autoexigencia no desaparece cuando empiezas a cuidarte. Se muda.

Antes te exigías rendir, llegar a todo, no fallar a nadie. Ahora te exiges estar bien ya. Y tu proceso, que nació para darte aire, se convierte en otra lista donde volver a suspender: meditar cada día, no volver a enfadarte, no repetir aquel patrón nunca más.

Es la misma creencia de siempre con ropa nueva: que hay que hacerlo bien, deprisa y sin molestar.

Y aquí está la parte incómoda: la prisa cierra. Cuando te presionas, tu cuerpo se pone en alerta, y en alerta nadie se abre. Lo que se suelta de verdad suele soltarse cuando hay seguridad, no cuando hay urgencia.

Así que si llevas meses enfadada contigo por no ir más rápido, quizá ese enfado sea justo una de las cosas que hay que soltar.

Por qué cada proceso tiene su tiempo

No es que tú seas más lenta. Es que no llevas lo mismo.

Muchas de las creencias que hoy te frenan se grabaron cuando eras muy pequeña, sin filtro y sin poder elegirlas. Otras las sostienes desde hace veinte años porque en su momento te protegieron de algo real. Un patrón que lleva media vida haciendo su función no se desmonta en una semana, y no porque te falte voluntad.

Además, esto no va solo de entender. Puedes saber perfectamente por qué te cuesta poner límites y aun así seguir diciendo que sí, porque el cambio también pasa por el cuerpo y por la energía.

Por eso los procesos van por capas. Avanzas, tienes unas semanas buenas, y de pronto vuelve algo que creías cerrado. No estás retrocediendo: suele ser una capa más profunda del mismo tema, y aparece ahora porque antes no estabas lista para verla.

Hace unos meses escribí esto en redes, y hoy lo sostengo igual:

Tú también puedes sentirte libre, en paz y feliz. Yo ya he transitado ese camino y ahora estoy aquí para guiarte ❤️

Lo que no dije entonces es que ese camino no tiene una duración estándar. No puedo decirte cuánto tardará el tuyo, y desconfía de quien te lo prometa con una cifra.

Cómo reconocer que estás avanzando

Parte del problema es que esperamos que el avance sea espectacular: un día en el que te despiertas siendo otra. Casi nunca funciona así.

Los avances reales son pequeños y se parecen más a esto:

  • Tardas menos en darte cuenta. Antes pasaban tres semanas hasta que veías qué te ocurría; ahora pasan dos días.
  • Te hablas distinto cuando te equivocas. No perfecto, pero un poco menos duro que el año pasado.
  • Dices que no y la culpa aparece, pero ya no decide por ti.
  • Aparecen ratos de calma que antes sencillamente no existían, aunque duren poco.

Una forma sencilla de verlo

Deja de mirar hacia el lado y mira hacia atrás. Es la única comparación que te hace justicia.

Busca diez minutos y responde por escrito: ¿cómo estaba yo con este tema hace seis meses? Anota tres cosas que hoy llevas de forma distinta. Escríbelo, no lo pienses solo: lo que se queda en la cabeza da vueltas, y lo que se escribe se puede mirar.

El loto no espera a que el agua esté limpia

Me gusta la imagen del loto porque desmonta la idea de que primero hay que estar bien y luego florecer. El loto no crece en agua cristalina: crece en el barro, lo atraviesa y florece con el tiempo que necesita. No sale antes por mirar cómo va la flor de al lado.

Puede que tú estés justo en esa parte del proceso. En la de barro, la que no se ve bonita, la que nadie publica. Y eso no significa que vaya mal: significa que está pasando algo por dentro que todavía no se nota por fuera.

Respetar tu ritmo no es conformarte ni dejar de hacer nada. Es dejar de castigarte por no ir más deprisa mientras sigues dando pasos pequeños. Uno cada vez.

En mis sesiones acompaño precisamente eso: comprender lo que te ocurre, liberar lo que llevas acumulado y transformar las creencias que te alejan de ti, sin prisas y respetando tu momento. Trabajo desde un enfoque complementario y con respeto hacia la medicina: si lo que sientes afecta a tu día a día, acompáñalo también de un profesional sanitario.

Puedes ver cómo trabajo en sesiones y bonos o escribirme y lo hablamos sin compromiso. Y si prefieres ir a tu aire, en el blog te dejo temas que quizá te acompañen.

No todo florece a la vez. Tú tampoco tienes por qué hacerlo. 💜