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Mi camino 05 May 2026 Laia Martí

Propósito: no hace falta que sea grande, hace falta que sea tuyo

Propósito: no hace falta que sea grande, hace falta que sea tuyo

Hace unos días, un 2 de mayo, «Laia Martí – Libera tu Mente» cumplió tres años.

No lo he celebrado con nada especial. Pero sí me he quedado un rato pensando en una palabra que últimamente se lee en todas partes y que, en vez de inspirar, muchas veces aprieta: propósito.

«Encuentra tu propósito». Y tú, que llegas justa al final del día, sientes que te añaden una tarea más a la lista.

Quiero contarte cómo lo entiendo yo. Sobre todo porque, cuando empecé, no tenía una misión clara ni un plan bonito. Tenía una intuición y bastante miedo.

El propósito no tiene por qué ser grande

Solemos imaginarlo como algo enorme: una vocación evidente, un cambio radical, una vida que se explica bien en una sola frase.

Entonces lo comparamos con nuestra vida real —el trabajo, la casa, las facturas, las personas que dependen de ti— y concluimos que eso del propósito es para otras.

Pero no hace falta que sea grande. Hace falta que sea tuyo.

Para mí, propósito es sobre todo coherencia: que lo que piensas, lo que sientes y lo que haces vayan en la misma dirección. Que tu vida se parezca a ti. No que impresione a nadie.

Por eso no lo mido en éxito. Lo mido en otra cosa: en cuánto rato del día puedes ser tú sin tener que abandonarte.

Un objetivo se cumple; un propósito se habita

Un objetivo tiene fecha y casilla para marcar. Se cumple o no se cumple.

Un propósito no se termina al llegar a ningún sitio. Es una dirección. Puedes estar más cerca o más lejos, pero no lo pierdes por un mal mes ni por haber tardado.

Y eso, en el fondo, es una buena noticia: significa que no llegas tarde.

Lo escribí un 2 de mayo: «a pesar de los miedos»

Cuando presenté este proyecto, hace tres años, dejé escrito por qué lo hacía:

«Para dedicarme a aquello que realmente me llena y me hace feliz a pesar de la incertidumbre y a pesar de los miedos».

Fíjate en el a pesar. No escribí «sin miedo». No tenía certezas y no sabía si saldría bien.

Creo que ahí está una de las trampas más comunes: esperamos a sentirnos seguras para movernos. Y la seguridad no suele llegar antes. Llega después, a trocitos, cuando llevas un tiempo caminando.

Aquel día también escribí esto, y lo sigo sintiendo igual: «Así que inicio con ilusión esta nueva aventura dando las gracias infinitas a todas las personas que me han apoyado desde el primer momento en que les comuniqué la “locura” que quería emprender».

Gracias otra vez. A quien está desde el principio y a quien acaba de llegar. Si quieres saber cómo llegué hasta aquí, te lo cuento en Sobre mí.

¿Qué harías si el miedo hiciera menos ruido?

Esta es la pregunta que quería dejarte hoy.

No «¿cuál es tu propósito?», que es demasiado grande y no se contesta. Sino esta otra, mucho más pequeña: si el miedo hiciera menos ruido, ¿qué harías esta semana?

Casi siempre la respuesta aparece rápido. Y casi siempre, justo detrás, aparece la voz que dice: «no es el momento», «no soy capaz», «qué van a pensar», «¿y si me equivoco?».

Esa voz no es la verdad. Suelen ser creencias aprendidas hace mucho tiempo que siguen decidiendo por ti sin que te des cuenta. Y no es que tú falles: es que una parte de ti sigue intentando protegerte de lo desconocido, aunque el precio sea quedarte donde ya no estás bien.

Un ejercicio breve, de papel y boli

No necesitas tenerlo claro para empezar a mirarlo. Coge diez minutos y escribe, sin corregirte:

  • ¿En qué momentos del último mes te has sentido en paz contigo? Aunque fueran cinco minutos. Aunque fuera algo tan poco épico como un paseo o una conversación.
  • ¿Qué estabas haciendo y qué no estabas haciendo? Muchas veces lo tuyo se reconoce por lo que desaparece: la prisa, la actuación, las ganas de que aquello termine pronto.
  • Si el miedo hiciera menos ruido, ¿qué cambiarías esta semana? Algo pequeño. Algo que dependa de ti.
  • ¿Qué te dices cuando te lo imaginas? Escribe la frase tal cual suena en tu cabeza. Esa frase es información muy valiosa.

Guarda el papel. Hoy no hay que hacer nada con él. Solo mirar.

Tres años después

Si tuviera que resumir lo que he aprendido sobre esto, sería algo así:

  • No hace falta que sea espectacular. Un propósito puede caber en cómo tratas a la gente, en cómo trabajas o en cómo te hablas cuando te equivocas.
  • No hace falta que se entienda desde fuera. Si te devuelve la calma, ya se entiende bastante.
  • No hace falta tenerlo todo claro. Yo empecé con incertidumbre y con miedo, y aun así empecé.
  • No hace falta que sea para siempre. Lo que hoy te llena puede cambiar dentro de unos años. Eso no significa que te equivocaras: significa que sigues escuchándote.

Y añado una más, porque me costó años entenderla: no hace falta que lo hagas sola. Pedir ayuda no es rendirse. Es dejar de intentar resolverlo todo a solas.

Si sientes que tu vida no se parece a ti

Quizá llevas tiempo viviendo una vida que no sientes como tuya. Que por fuera funciona y, aun así, no te representa.

No hace falta tocar fondo para empezar a escucharte. A veces basta con ir quitando del medio lo que no te deja oír lo que ya está dentro de ti: el ruido, la autoexigencia, los miedos que aprendiste de otras personas y la culpa de querer algo distinto.

Ese es el trabajo que hacemos en mis sesiones. No para decirte qué tienes que hacer con tu vida, sino para acompañarte a liberar aquello que puede estar impidiendo que elijas con más claridad y más coherencia contigo. A tu ritmo y sin prometerte nada.

Si te resuena, escríbeme y hablamos sin compromiso. Aunque todavía no sepas por dónde empezar. Sobre todo si no lo sabes.

Gracias por estos tres años. 💜