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Reflexiones 08 Jan 2025 Laia Martí

Año nuevo sin exigencia: propósitos que nacen de ti, no del «debería»

Año nuevo sin exigencia: propósitos que nacen de ti, no del «debería»

¿Ya tienes la lista de propósitos para este año? Quizá la hayas escrito. O quizá solo la tengas en la cabeza, dando vueltas desde el uno de enero: hacer más deporte, comer mejor, organizarte, dejar de aplazarlo todo…

Y puede que, al repasarla, en lugar de ilusión sientas un peso. Como si el año acabara de empezar y tú ya fueras tarde.

Si es así, no te pasa nada raro. Enero llega cargado de mensajes sobre «la mejor versión de ti», y es muy fácil confundir una lista de exigencias con una lista de deseos. No eres perezosa ni te falta compromiso. Es que, sin darte cuenta, has empezado el año desde el «debería» y no desde ti.

¿De quién es tu lista?

Te propongo una pregunta sencilla antes de seguir: ¿cuántos de esos propósitos nacen de escucharte y cuántos nacen de lo que se espera de ti?

Hay metas que suenan muy bien, pero que en realidad responden a una mirada externa: la de la familia, la de las redes, la de esa idea de mujer «que puede con todo» que llevas años intentando alcanzar. Son propósitos que empiezan con «debería», «tendría que», «a ver si este año por fin».

Y hay otros que nacen de un lugar mucho más silencioso. No gritan. No tienen forma de reto ni de aplicación con recordatorios. Son más bien una sensación: «necesito más calma», «quiero dejar de vivir corriendo», «me gustaría volver a sentirme yo».

Los primeros suelen empezar con mucha fuerza y agotarse en febrero. Los segundos casi nunca llegan a la lista, porque no parecen «serios». Y, sin embargo, son los que de verdad te mueven.

«Debería» no es lo mismo que «quiero»

Fíjate en cómo te suena cada propósito cuando lo dices en voz alta.

El «debería» suele venir acompañado de tensión: aprietas un poco la mandíbula, notas prisa, aparece la culpa por no haberlo hecho ya. Es la voz de la autoexigencia, esa que te recuerda que nunca es suficiente.

El «quiero» se siente distinto. Puede dar algo de vértigo, sí, pero también se abre algo: el cuerpo se afloja, respiras más hondo, aparece la ilusión.

No se trata de tirar la lista. Se trata de revisarla con honestidad y preguntarte, propósito por propósito: ¿esto lo quiero yo o lo quiero para que dejen de mirarme así? Solo con eso, algunos se caen solos. Y los que se quedan, se quedan con otra energía.

Por qué tantos propósitos se quedan por el camino

Seguro que lo has vivido: empiezas con toda la intención, aguantas unas semanas y, poco a poco, vuelves a lo de siempre. Y entonces llega la conclusión de siempre: «no tengo fuerza de voluntad».

Déjame ofrecerte otra explicación. Muchos propósitos no fallan por falta de voluntad, sino porque chocan con creencias que no has cambiado. Puedes proponerte descansar más, pero si en el fondo crees que «descansar es perder el tiempo», algo en ti boicoteará el plan cada vez que te sientes en el sofá. Puedes proponerte poner límites, pero si aprendiste que «decir que no es ser egoísta», la culpa ganará casi siempre.

Esas creencias no las elegiste. Las absorbiste de pequeña, viendo cómo vivían las personas que te rodeaban, y desde entonces funcionan en piloto automático. Por eso la voluntad consciente, sola, suele quedarse corta: una parte de ti quiere avanzar, mientras otra sigue intentando protegerte desde el miedo.

No te lo cuento para desanimarte, sino para quitarte un peso de encima. Si algo no cambia, no es porque tú no valgas. Es que quizá hay una creencia que sigue mandando y que todavía nadie ha cuestionado. Ese es, precisamente, el tipo de creencias que se pueden revisar con la Reprogramación Mental. Pero hoy quiero proponerte algo más sencillo.

Un ejercicio: tres cosas que quieres sentir este año

Te propongo cambiar la pregunta. En lugar de «¿qué quiero hacer este año?», pregúntate: ¿qué quiero sentir?

Parece un matiz pequeño, pero lo cambia todo. Cuando piensas en hacer, aparecen la lista, el calendario y la exigencia. Cuando piensas en sentir, aparece la brújula. Y con brújula, las acciones se ordenan solas.

Cómo hacerlo

  • Busca un momento tranquilo, sin prisa y sin móvil. Diez minutos bastan.
  • Respira unas cuantas veces y deja que el cuerpo se afloje un poco.
  • Escribe tres cosas que quieras sentir este año. No metas: sensaciones. Calma, libertad, ligereza, confianza, paz, ilusión, conexión… Las que sean tuyas.
  • Léelas despacio y observa qué pasa en el cuerpo. Si alguna te aprieta en lugar de abrirte, quizá no es tuya.
  • Guarda esa lista donde la veas. Cuando dudes ante una decisión, vuelve a ella y pregúntate si aquello te acerca o te aleja de lo que quieres sentir.

Fíjate en que no hay nada que cumplir. No hay casillas que marcar ni fechas límite. Solo una dirección. Y una dirección, a diferencia de un propósito, no se «fracasa»: simplemente vuelves a ella cada vez que te alejas.

Un recurso para acompañar el ejercicio

Si te ayuda hacerlo con una guía, hace unos días compartí una meditación guiada para recibir 2025 con gratitud. Está pensada para despedir el año soltando lo que ya no necesitas y poner intenciones desde la calma, no desde la presión. Puedes escucharla antes de escribir tus tres palabras (también está en YouTube).

Quizá la felicidad no consiste tanto en encontrar algo nuevo fuera, sino en quitar todo aquello que no te permite escuchar lo que ya existe dentro de ti.

Empezar el año desde ti

Este año no tienes que convertirte en otra persona. No hace falta una versión mejorada, más productiva, más disciplinada. Lo que ya existe dentro de ti no necesita reinventarse cada uno de enero; necesita espacio para poder escucharse, sin que el miedo haga tanto ruido.

Así que, si la lista pesa, suéltala. Quédate con tus tres palabras. Y deja que el año empiece sin prisa, como el sol que sale cada mañana sin que nadie le exija llegar antes.

Si sientes que hay algo que llevas tiempo intentando cambiar y que, por mucho que te lo propongas, no se mueve, puede que no sea cuestión de más voluntad. Puede que haya una creencia de fondo que merece ser mirada. Si quieres que lo miremos juntas, escríbeme y hablamos sin compromiso. Y si prefieres seguir a tu ritmo, en el blog iré compartiendo más reflexiones como esta.

Que este año nazca de ti. 💜